Sábanas de silencio acompañan a noches en vela.
Libretas desgastadas y ojeras de café.
La luna mi única compañera y no sé cuántas noches nos quedan.
Pensar es clavarnos cuchillos afilados a nosotros mismos, e imaginar es ver espejismos de ilusiones donde sólo hay rutina. ¿Y si esos espejismos están llenos de cuchillos? Tal vez intentan advertirnos de que la caída será grande, de que cuanto más nos aferremos a historias inventadas en noches de luna llena más nos dolerá el golpe.
Nos recompondremos. Dicen que más vale prevenir que curar, pero una vez curadas las heridas, quedarán cicatrices de recuerdos que acabarán dejando de doler (puede que no hoy, ni quiera mañana) y se convertirán en un leve cosquilleo, o tal vez, una caricia.